Un alumbrado público más eficiente no significa necesariamente una iluminación más sostenible. La sustitución de las antiguas lámparas por tecnología LED mejora la eficiencia energética y puede reducir el consumo energético, pero ello no implica automáticamente una reducción de su impacto ambiental.
Este cambio hacia la iluminación de estado sólido (LED) ha favorecido, en muchos casos, un aumento de la contaminación lumínica debido al denominado efecto rebote: la reducción del coste de la iluminación ha propiciado la instalación de más puntos de luz, el incremento de los niveles de iluminación y la ampliación de las superficies iluminadas. Como consecuencia, la contaminación lumínica continúa creciendo pese a la mayor eficiencia de las luminarias. Sus efectos incluyen la pérdida del cielo estrellado, alteraciones en el comportamiento, la reproducción y la orientación de numerosas especies, afecciones sobre la salud humana y un despilfarro de energía que se traduce en emisiones innecesarias de gases de efecto invernadero y otros contaminantes atmosféricos. Estos impactos resultan especialmente preocupantes en los espacios naturales próximos a núcleos urbanos.
Además del aumento de los niveles de iluminación y de la superficie iluminada, la sustitución de las antiguas lámparas de vapor de sodio por LED de luz blanca, con una mayor proporción de luz azul en su espectro de emisión, ha incrementado la presencia de este tipo de radiación de longitud de onda corta en el alumbrado nocturno. Esta sustitución ya se ha producido de forma mayoritaria en los municipios de menor tamaño, donde existe una mayor probabilidad de que el alumbrado se sitúe próximo a espacios naturales de elevado valor ambiental, mientras que en las grandes ciudades la transición continúa avanzando de forma más gradual. La luz azul tiene un mayor impacto sobre la biodiversidad y la salud humana, ya que numerosos organismos poseen fotorreceptores especialmente sensibles a ella, por lo que altera con mayor intensidad sus ritmos biológicos. Asimismo, se dispersa con mayor facilidad en la atmósfera, incrementando el resplandor del cielo nocturno. Esto supone una agresión de primera magnitud al paisaje, afecta a todos los ecosistemas de la superficie terrestre y marina, dificulta la investigación y práctica de la astronomía y priva al conjunto de la ciudadanía del patrimonio cultural y sentido global vinculados a la presencia y disfrute del cielo estrellado .
La luz visible abarca diferentes longitudes de onda, pero son las del espectro azul y violeta las peores, por su mayor incidencia en la salud humana y en la vida animal. Limitarlas debe ser una prioridad.
Ante esta situación, Ecologistas en Acción y Cel Fosc, asociación contra la contaminación lumínica, instan a los ayuntamientos andaluces a aplicar de forma decidida la nueva Ley de Gestión Ambiental de Andalucía y el Reglamento de protección frente a la contaminación lumínica en Andalucía, elaborando dentro del plazo establecido en la normativa (marzo de 2027) la correspondiente ordenanza municipal sobre contaminación lumínica en la que se establezca la zonificación lumínica de los municipios, así como planificando la adaptación progresiva del alumbrado público a los nuevos requisitos ambientales.
Las organizaciones reclaman que las nuevas instalaciones utilicen luminarias con un bajo contenido de luz azul y sin emisión directa hacia el cielo, incorporen sistemas de regulación que permitan reducir la intensidad o apagar el alumbrado cuando no sea necesario y eviten el sobrealumbrado, especialmente en las proximidades de espacios naturales. Se recuerda que, tal y como se menciona en el actual Plan Estratégico de Salud y Medio Ambiente, la contaminación lumínica es uno de los factores que influyen en la propagación de algunas enfermedades zoonóticas, como la fiebre del Nilo Occidental transmitida por mosquitos.
También se recuerda, ahora que se acercan muchas fiestas locales, que los cañones láser que apuntan hacia el cielo están prohibidos. Del mismo modo, la iluminación de los escaparates y los edificios públicos ha de mantenerse apagada a partir de las 22 h, según el apartado cuarto del artículo 29 del Real Decreto-ley 14/2022, de 1 de agosto, de medidas de sostenibilidad económica en el ámbito del transporte, en materia de becas y ayudas al estudio, así como de medidas de ahorro, eficiencia energética y de reducción de la dependencia energética del gas natural, que sigue vigente para todo el Estado. Asimismo, considera imprescindible reducir el alumbrado ornamental y publicitario durante las horas de menor actividad y adoptar un modelo de iluminación que priorice la protección de la biodiversidad, la salud de las personas, el ahorro energético y la conservación del cielo nocturno.
Imagen: Vista de Málaga, Granada y Madrid desde Sierra Nevada. Jesús Navas.
